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Conociendo al Rey del Bunde, Alex Pichi

Por: Edgardo Paz 

Yo quiero que el mundo conozca mi mundo.  Estar en un barco que navegue por él, cruzando territorios, conociendo otras tierras y, mientras tanto, irles mostrando mis raíces, mi cultura.  Un barco como cualquier otro que navega junto a otros barcos, simplemente que el mío está lleno de mi mundo; se los quiero mostrar y regalar.   Así me dijo después de mi pregunta sobre las letras de sus canciones.  No dudó ni un segundo al responder. Creo que para él es claro y transparente su misión; conoce muy bien su trabajo y tiene la convicción de estar transformando a los jóvenes de su región con su música.

Me contacté con él un miércoles por la tarde después de que mi compañera periodista me facilitara su número y de que el jefe de prensa de la entidad en la que trabajo me asignara a Alex Pichi como el artista al que debía hacerle una crónica.  Nada conocía de él; nunca lo había escuchado. Antes de llamarlo hice una búsqueda en Google y di clic en un enlace que presentaba un video suyo, La papayita. Lo reconozco, me sentí invadido por sonidos muy cercanos a los que se escuchan en mi tierra Cartagena y en la sabana de la costa norte colombiana; fue un flashback a mi infancia y a imágenes familiares, disfrutando en las fiestas novembrinas.  Me dije, voy a disfrutar mucho esta tarea, y fue cuando decidí no hacer crónica, sino una entrevista narrada y contextualizada. Afortunadamente, me la aprobaron.

Con rapidez levanté el teléfono y le marqué.  Par de saludos, presentación de mi parte y la solicitud de querer hacerle una entrevista en el marco del Festival Colombia al Parque, al que asistirá como invitado nacional.  Acordamos hablar el viernes festivo a las diez en punto, hora en la que ya está libre, después de atender a su familia y compartir con sus hijos.

Muy juicioso a las diez y cinco de la mañana le marqué.  – ¿Alexander? Hola, buen día. Después de saludarnos y de explicarle cuál sería la dinámica de la conversación, inicié la entrevista con la pregunta que me parecía necesaria; aclarar su nombre artístico.

Alex Pichi vs. Alexander Bolaños García ¿De dónde sale ese seudónimo, algún apodo de infancia o nombre de otro artista del pacífico que quiso homenajear?  Se ríe y me dice: Ese nombre me lo puso mi papá.  Desde pequeño siempre me dijo así.  Nunca pude preguntarle el porqué de ese apodo; él murió joven y yo era muy niño, así que no tuve la oportunidad.  Pero con él me conocieron desde entonces, y fui creciendo siempre siendo para mi familia y amigos Alex Pichi.

¿Si yo menciono el nombre El Silencio, qué sientes?  Mi vida completa.  Allí nací y crecí, descubrí mi vena artística y allí vuelvo siempre a conectarme con mi gente.  A los 12 años empecé, yo, este viaje. Quería ser marimbero y mostrarle al mundo el sonido de ese instrumento, la marimba.  Y como muchos otros grandes músicos del Chocó, inicié mi formación en la iglesia, en la catedral. El maestro trompetista Pacho Combo me enseñó solfeo, allí empezó todo.  

Alex me cuenta cómo los viernes, en una esquina de su barrio que llamaban la pequeña Habana, se reunían músicos a tocar y cantar canciones tradicionales del folclor del pacífico.  Para él y sus amigos ese momento era el más deseado. Esperaban con ansias la llegada de ese día y así poder escucharlos y aprender de los sonidos de su región. Fue, tal vez, su primera relación de amor:  la música y él unidos en un futuro por descubrir. Y es que cuando habla de su barrio, se le siente en la voz una alegría y una pasión por aquello que de verdad se ama. “El Silencio es un barrio alegre, lleno de talento, donde la música es el canto de la mañana y de la noche.  Yo amo la música y con ella quiero poner a bailar a todo el mundo”*, dijo en otra entrevista que le hicieron hace unos meses.

¿De los distintos aires musicales del Pacífico colombiano, con cuál te identificas más? Entiendo que empezaste con chirimías, pero sabemos que también hay bunde, currulao, juga, pregón, entre muchos otros.  Es clave para quien lea esta entrevista, que sepa que el Pácifico colombiano se divide en Pacífico norte y Pacífico sur.  Nosotros en el Choco, que somos norte, tenemos el abozao, que se caracteriza porque es un sonido que invita a bailar. Este ritmo llegó a Panamá y se quedó allá; lo nombraron tamborito y se volvió típico de ese país y hoy es embajador de la cultura panameña en el mundo.  Tenemos el bunde de calentura que es uno de los que yo uso en mis canciones y que te prende, te pone a mover las caderas – Me lo dice entre risas y con un tono de picardía –.  Es muy distinto del bunde de arrullo del sur, cuyo fin es otro.  – Hace una pausa y me canta: Señora Santana porqué llora el niño, por una manzana que se le ha perdido… Si ves, es una canción de cuna, para arrullar y dormir a los niños.  Al final puede haber una mezcla de todos ellos y hacer fusiones interesantes.

El abozao es un ritmo del valle del Atrato que se toca con chirimía, redoblante, bombo, clarinete, bombardino y platillos.  La palabra tiene varios orígenes, uno de ellos es el de movimiento cadencioso de las caderas y el contoneo en el manejo de faldas.  Del bunde se dice que es el origen de otros ritmos como la cumbia, el mapalé o el bullerengue. Lo que sí es claro son sus orígenes en la etnia negra y toda la cultura ancestral africana, sobre todo de zonas como Sierra Leona donde son más cercanos al jolgorio y al baile que al canto fúnebre.

Alexander, entonces, ¿lo que tú haces es tomar esos ritmos típicos de tu región y meterles sonidos urbanos?  Sí.  Lo que yo busco con mi música es que los jóvenes se conecten con sus raíces, que no pierdan el conocimiento de sus orígenes y de la raza negra.  Yo probé lo tradicional y vi cómo se quedaba en el olvido. Entonces empecé a investigar y a echar mano de todos esos otros artistas y géneros que me fueron marcando a lo largo de mi carrera musical.  Por eso busqué unir la chirimía y el bunde con los ritmos urbanos que tanto escuchan y bailan los jóvenes de hoy día. Cuando ya ves a todos esos muchachos bailando y cantando mis canciones, canciones que tienen mucho de nuestra cultura, de nuestra cotidianidad, se siente un satisfacción muy grande.

Si escuchas mis canciones con detalle verás cómo terminan siendo una fusión de sonidos, ritmos y regiones de Colombia.  Yo quiero que un caribeño se identifique con mi trabajo, igual alguien de la zona andina o de los llanos.

En este punto era necesario para mí, decirle que había encontrado en su tema El Baile de Alex Pichi, el sonido de una melodía que hace parte fundamental de mi bagaje e imaginario cultural, musical y danzístico, Pie Pelúo, esa mágica y macondiana canción que escuché en muchísimas chupacobres – bandas típicas de mi Cartagena –, y que al oírla se me aguaron los ojos de nostalgia al recordar mi infancia bailando todos los sonidos, en todos los festivales, de las sabanas de Córdoba, Sucre y Bolívar.  Pero que ahora, mientras charlaba con él, entendía eso que me mencionaba sobre la mezcla de aires de nuestro país y la importancia que tienen producciones musicales como las que él hace. Es una manera de lograr reconocimiento con distintas generaciones y hacer de la música un verdadero lenguaje universal. Con voz de empatía me dice: ¡Qué chévere mi hermano, de eso se trata mi trabajo y qué rico que hayas identificado esa canción!

Claro, identifiqué esa y otras más como El Venao, Manicero, la Chiripiolca, Levantando las manos, entre otros.

En mi música vas a encontrar muchos homenajes a otros artistas que influyeron en mi estilo.  Michael Jackson, por ejemplo. Su manera de hacer las cosas fue clave en mi formación, él está presente en mi trabajo.  Mi último tema, El encorve chévere, tiene sonidos y frases de canciones que inmortalizó.  – Nuevamente, con alegría y una facilidad que se la da al cantar me entona ese coro de Wanna be startin’ somethin: mamase mamasa mamakusa, mamase mamasa mamakusa.  – Ambos reímos –.

¿Qué significa para ti Golpe de Amporá y el Festival Petronio Álvarez?  Lanzando una expresión de nostalgia y emoción (la onomatopeya sería algo así como ¡¡¡Uffff!!!), me responde: La nueva ola de artistas del Chocó iniciamos con Golpe de Amporá y su fundador, el maestro Neivo De Jesús Moreno, en paz descanse.  Él me llevó por el recorrido de la música típica del Pacífico y los instrumentos autóctonos para producirla. Recuerdo la marímbula, un artefacto que funcionaba como si fuera un bajo.  Era el bajo de los músicos negros que llegaron a nuestro país y a nuestra zona del Pacífico; ya no se ve.  – Hace una pausa, suspira  y me cuenta una anécdota –.  Una vez el maestro Neivo me mostró un video donde aparecía otro instrumento desconocido por mí y con otro nombre raro, el carángaro.  De pronto devuelve la cinta, pone pausa y me pregunta, ¿Alex, te crees que capaz de construir ese aparto? Edgardo, para que sepas, yo tengo una capacidad de inventiva y de creación impresionante.  Tengo facilidad para construir cosas. Y yo le dije: maestro, a mí no me queda grande esa tarea. Yo le construyo uno.

El carángaro es un instrumento de percusión que se hace artesanalmente con guadua, una herradura y dos tablas.  Se toca con unos maderos finos como los que se usan para tocar los timbales. Desapareció hace unos 50 años, pero como Alexander, otros músicos del Chocó quieren rescatarlo.  Junto con las marimbas, los huazá, los cununos y los bombos, hembras y machos, se interpretan los cantos y bailes típicos de la música negra.

Me llevé el casete de Betamax para mi casa.  Lo dejé en pausa en la imagen que mostraba al instrumento y no solo hice uno, hice dos. – Ríe y continúa con su historia –. El segundo lo hice pequeño, le agregué un arnés y me lo colgué.  Ese año  - 2009 - nos presentamos por primera vez en el Petronio, bautizaron a mi instrumento el caranguerito por su tamaño, ¿y sabes qué? Ganamos el Festival.  ¡Fuimos la sensación! Todo el mundo tuvo de qué hablar por el instrumento nuevo y nuestra presentación. Claro, yo podía bailar y moverme mientras lo tocaba.

Al escucharlo narrar la historia con tanta emoción, no puedo dejar de imaginarme ese momento.  Fue como si hubiera podido retroceder en el tiempo y estar allí presente, viéndolo en escena tocando, cantando y bailando con su propia creación. ¿Y el Petronio, cómo fue esa experiencia?  Inexplicable, única.  Apartir de allí, lo ganamos dos veces más de seguido.  Fueron tres trinfos, uno detrás del otro. Por eso hoy día ya no concursamos en el Festival.  No nos dejan… jejejejejeje, no se puede, ya estamos catalogados como fuera de concurso… jejejejejeje – Suelta otra carcajada y por eso me tomo el trabajo de plantarlas ambas en el escrito; lo merecen.

¿Maestro, qué es bambolear?  Es que, haciendo la investigación para este encuentro telefónico con usted, descubrí que ese verbo, prácticamente, fue creado por usted y una de sus canciones.  Así es.  Bambolear significa mover las caderas.  Es un movimiento cadencioso pero sin género.  Hombres y mujeres, ambos, solo tienen que sentir la música y dejarse llevar por el ritmo.  Pones las manos en la cintura, y te mueves; las pones en la cabeza, y te mueves; las subes, las llevas a los lados, y te mueves.  Eso es bambolear.  

¿Con la canción Bamboleo Bambolee y su particular baile fue que conoció a los integrantes de la Selección Colombia de Fútbol, cierto?  Sí.  En el Mundial de 2014 ellos celebraban en camerino con mis canciones.  Una vez vi un video en redes sociales de los muchachos bailando y cantando, pero sobre todo agradeciéndome por los temas y decidí enviarle a James y a Cuadrado un nueva canción.  Precisamente la misma que me mencionaste al inicio de la entrevista, La papayita o Seko Seka. Les mandé un correo contándoles quién soy y lo que hago y que les ofrecía un tema para que lo usaran.  Este año, en Rusia, cuando en el estadio celebraban un gol y bailaban lo hacían al ritmo de mis canciones. Así se dio mi cercanía con el equipo y con los muchachos.  ¿Y qué siente cuando los ve celebrando con su música?  Pues qué te puedo decir, cuando ves a gente famosa bailando y cantando tus canciones se siente como un gran logro.  Eso nos ayuda como artistas. Que mi música suene en Asia, en Europa, es también gracias a ellos.

En ese momento, mientras lo escuchaba narrarme la historia, busqué en Youtube videos de los muchachos de nuestra selección celebrando en camerinos, y me encontré con varias versiones y momentos del equipo.  Y sentí frustración y alegría a la vez. Recordé ese partido contra Inglaterra y, aunque el maestro no lo supo, un par de lágrimas se me escurrieron. Pero saber que estaba hablando con el autor de esos temas que hicieron vibrar a nuestros jugadores, me dio el empuje para secarme los ojos y entender que los ganadores somos todos, como él, que pudo conocerlos y darles elementos para celebrar.

Alexander, cambiando de tema, con el ánimo de conocerlo un poco más, ¿cómo es eso que usted es ingeniero agroforestal?  ¿Eso de dónde vino y por qué? Le cuento que mientras lo leía me preguntaba si el país perdió a un luchador de la causa ambiental, algo que se necesita muchísimo.  Inicia con risas y me dice: Eso fue resultado de mi amor por mi región y el deseo de proteger y conservar nuestra riqueza.  Te cuento que mi tesis de grado fue un trabajo bellísimo que me permitió graduarme con honores en la universidad.  Fueron dos años inmerso en la selva investigando, viviendo, conociendo de primera mano todo lo concerniente con mi proyecto.  Yo vengo de una familia de académicos, donde el estudio es clave y parte fundamental de nuestra esencia. En las pruebas de estado de mi generación, fui el segundo puntaje más alto del departamento.  – Alex fue instructor del SENA por seis años. Se especializó en Proyectos Sociales y creo su primera empresa dedicada al emprendimiento, una ONG.  Luego me dediqué, y desde entonces es una de las cosas que más disfruto hacer, a asesorar proyectos y negocios, tanto públicos como privados y ser docente universitario. – Y la música a la par, me imagino –. Así es.  Ella está siempre allí conmigo.  Mira que ese lado académico del que hablamos es el que me ha permitido hacer lo que he hecho con ella.  Mezclar, fusionar, entender los ritmos y la manera en que pueden comulgar juntos. Yo investigo muchísimo sobre la música y sobre la música del Pacífico, principalmente. Soy un enamorado de nuestros sonidos, de nuestros instrumentos.

Maestro, para terminar, ¿qué viene de Alex Pichi, qué podemos esperar?  Bueno, te cuento que me encuentro en un dilema.  Estoy con dos nuevas canciones y no las he podido titular.  Una de ellas trata la historia de una vecina muy linda que está enamorada de su vecino.  Él no sabe qué hacer porque al verla tan linda, asume que debe ser caro estar con ella – Ríe una vez más y me menciona un popular adagio que dice (parafraseándolo yo, porque no lo conozco) que para salir con una mujer linda hay que meterse la mano al bolsillo del dril –.  La otra canción es un homenaje a las negras.  A esas mujeres que llevan con orgullo su color de piel, que se dejan su cabello tal como es y lo muestran orgullosas.  Esperemos que pronto les pueda poner nombre y lanzarlas para que mi gente colombiana las baile y las goce.

– Gracias maestro – le dije.  Nos vamos a ver mañana en Colombia al Parque…  Me interrumpe y me dice: siempre había querido estar en un Festival al Parque.  Estoy muy contento de poderme presentar allí. Sé que es una oportunidad para que empresarios del sector me conozcan y conozcan mi trabajo.  Voy bien, bien preparado, para darles un excelente y divertido show.  Así que me toca prepararme con todos los juguetes para bailar los ritmos de este artista que me convenció desde el principio, con su primera respuesta.

 Alexander Bolaños García la música le corre por las venas, cada músculo de su cuerpo vibra cuando empieza a cantar.  Cuando sube a una tarima vive la mejor experiencia de su vida, cada vez. Alex Pichi, como lo bautizó su papá, es un chocoano que desde los doce años ha realizado canciones y melodías parranderas, alegres, que nos hagan bambolear.  Inspiradas en su gente del barrio El Silencio, enfocadas en fusionar los ritmos de un país que se niega, aún, a perder sus tradiciones. En la música, este artista encontró una oportunidad para redimir sus raíces y romper las barreras culturales que los tenían en el olvido.  El sueño que comenzó en la infancia es hoy una realidad que pone a bailar a todo el mundo entero, ya sea en una disco, en una fiesta popular o celebrando un gol.